En la biblia encontramos plasmado el deseo de Dios de que cada creyente interceda por su nación. Ante todo, hay que orar por los que dirigen la nación; por el presidente, por todas las autoridades, para vivir quieta y reposadamente, como dijo el apóstol Pablo (1 Ti. 2:1-2 RVR 1960). Necesitamos que los que gobiernan sean hombres sabios, temerosos de Dios, humildes de corazón, libres de toda avaricia y maldad. Que sean honestos y piadosos. Que deseen trabajar a favor del pueblo y no de sus propios intereses.
Otro aspecto por el cual Dios dijo que debemos rogar es por la paz de la nación (Jer. 29:7 RVR 1960). Hay muchas cosas que pueden quitar la paz en una nación; la violencia, la falta de justicia, el desempleo, la corrupción y la avaricia de los gobernantes. Si en nuestra nación hay paz, nosotros también tendremos paz.
Orar para que el pueblo busque a Dios de corazón, reconozca que ha pecado y se arrepienta. Como lo dice Números 21:7: «Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Dios escucha la oración de intercesión de sus siervos y trae liberación espiritual a la nación entera.
Se necesitan hombres y mujeres que hagan vallado y que se pongan en la brecha delante de Dios para que no destruya la tierra (Ez. 22:30). Que cada creyente se comprometa a pedir a Dios que cubra con su misericordia nuestra nación, de costa a costa y de frontera a frontera.
Dios expresa en 2 Crónicas 7:14 «si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra».